Empecé en este mundo hace 50 años como visitadora médica, en una época donde el maletín era exclusivo de los varones. Como hija de médico, conocía los consultorios, pero nunca había visto a una mujer en ese rol. Con el tiempo, demostramos que nuestras habilidades de negociación y empatía eran el «Gold standard», lo que me permitió escalar hasta cumplir mi sueño de ser gerente de producto y liderar unidades de negocio en Latinoamérica.
Mi ADN empresarial me llevó a fundar un emprendimiento familiar. Inicialmente importábamos productos europeos, pero cuando las políticas del país bloquearon las importaciones, decidimos arriesgarlo todo: vendimos casa y auto para montar nuestra propia planta en Carcelén.
Fue un aprendizaje forzoso. Al recibir las materias primas de España, entendí que no podía vender lo mismo aquí; las pieles europeas son distintas a las nuestras. Por ello, me capacité en cosmiatría y reformulamos todo para crear expertos en pieles latinas, adaptándonos a nuestra radiación solar y genética.

Tras 25 años de desarrollo, mi meta actual es la internacionalización. Estamos por firmar acuerdos dentro del TLC con Costa Rica y estableciendo alianzas en Perú y Colombia. Estoy convencida de que la calidad no tiene nacionalidad y que nuestros productos phytoterapéuticos y cosméticos tienen un nivel competitivo mundial.










